El presidente juega al golf

Del Ángel

Ante el mundo quedamos como la nación atrasada, subdesarrollada, charolera, caótica y tracalera, subdividida en especies de mexicanos de primera a décima clase que pone ante la complacencia de Trump a un funcionario que va a aprender  apenas las funciones de canciller.

Las imágenes de revueltas que antes veíamos de Venezuela, Colombia o Medio Oriente son ominosas; ¡felicidades, Enrique, ese es un logro que no necesitó usted plagiar, lo adquirió día tras día al sembrar el odio entre los mexicanos por medio de mentiras y falacias!: “Ya no habrá gasolinazo”, remember?

No me atrevería a juzgar si Videgaray hizo lo correcto o no, pero en su calidad de entonces secretario de Hacienda, pidió en su momento que se liberalizaran los precios de las gasolinas mexicanas.

Las consecuencias están a la vista. Ahora que los precios amenazan con incendiar al país es que Afganistán se traslada a México y que la balcanización cunde en todo el territorio nacional, como en aquel caracazo de 1989 en el que a los venezolanos les aumentaron los precios de la gasolina y comenzaron los cocolazos. A la narcoviolencia se suma la verdadera faz del gobierno mexicano.

Pero lo de traer a Trump le significó al paso de algunos meses un éxito sustancial en sus bonos personales, ¿qué no? El cuatísimo enriquiano fue premiado con creces y ahora tenderá una alfombra roja ante el magnate estadounidense, vaya, en calidad de sirviente del imperio que se deshará estrepitosamente ante nuestra atónita mirada, sobre todo ahora que los rusos van a poner y quitar presidentes en el otrora país de vanguardia capital mundial.

Pero lo grave del asunto es que el señor presidente elige jugar al golf y se traslada en avión para vaciar un balde de agua helada sobre las congeladas inconciencias de millones de mexicanos. Era más importante su deporte que, desde días antes, prever el enojo de millones que se prenden a lo largo y ancho de territorio nacional.

El presidencialismo yerto por él y todos los presidentes anteriores, navega en calidad de zombie e insiste en no querer darse cuenta del desastre que se ha creado, que él mismo con sus mentiras, generó a nivel nacional. Vaya, es tanto el pasmo que en lugar de asumir de manera responsable las consecuencias por esa tragedia llamada México 2017 quita a Claudia Ruiz Massieu de relaciones exteriores y pone en su lugar a Videgaray, coautor de este peripatético terremoto

Por supuesto que la lady Guacamole, pues como tal fue bautizada ayer en redes sociales cuando le dijeron en tono de sorna que su amigo Peña Nieto al haberla degradado de canciller, ahora la nombraría (la broma es nuestra, el hecho de los propios priístas), secretaria del Guacamole.

Pues sí, por supuesto que la señora no dio una y el canijo de Videgaray que se le coló hasta la cocina con el fin de apretarle los jitomates cuando los norteamericanos nos hacen unas morelianas, ¡joven! en calidad de haber clausurado la propuesta de instalar la empresa Ford a un costo de nada más y nada menos que 2 mil 600 millones de dólares en San Luis Potosí, que el gobierno de Peña Nieto dejó ir con una mirada de desconsuelo sin meter las manos para negociar, para cabildear, para impedirlo.

Pero nada de eso pone a pensar al presidente, carajo! Y en medio de ese desastre nacional ante los ojos de todo el mundo en calidad de políticos transas y corruptos, mientras la nación se viene abajo, Enrique declara que el incremento en el precio de las gasolinas “no es culpa de la reforma energética” y se enjuaga la boca mentalmente con astringosol para decir que no permitirá actos de abuso de particulares que cometan rapiña.

Y de inmediato comenzaron a brotar, tan pronto como ocurrieron esas declaraciones, centenares sino es que miles de ratas por todo el país, prestas para saquear hipermercados con plasmas y todo tipo de enseres, algunos dicen que pagadas por el Papá de todos ustedes, es decir, el PRI del ilustrísimo Ochoa Reza, dueño de una flotillota de taxis en calidad de censor de la corrupción en su propio instituto político.

Y las culpas mutuas comienzan a aflorar, pues los lopezobradoristas azuzan al gobierno diciendo que son agentes infiltrados por el tricolor y viceversa. Sin embargo, ese pueblote confiado sube la red titipuchal de comentarios con que no, “que se trata de agentes provocadores pagados por el PRI para saquear grandes tiendas comerciales”.

¿No será que todos ellos son más bien los Hijos de Sánchez, es decir, los millones de mexicanos jodidos de la mente que no quieren trabajar, sólo zanganear, que el sistema político generó a lo largo de décadas de saqueo y corrupción, o bien de los tres juntitos?

Cuando eso ocurre, los amantes de las redes indican que el gobierno, pero sobre todo el Estado intimida de diversas maneras y entonces, la gente a la que tienen atemorizada debe estar consciente de que en la lucha diaria por venir, los mexicanos deberán ser más cautos.

Por lo pronto acá en Pueblo Quieto, Tello, que sigue navegando con bandera

decembrina repite el esquema de descuentos en refrendos, que de igual manera subsidiamos todos y se encabrona contra las injusticias del amigo, a la par que una Judit despreocupona camina por las calles horonda y dichosa como retando a la perrada reporteril. Todo ello, que se entienda, con cargo a nuestros impuestos.