A muchos no nos gusta pensar o hablar de la muerte. Pero hay pueblos que sí lo hacen.

Para los toraja, una comunidad indígena en la isla de Célebes, en el este de Indonesia, los muertos son una parte constante de la vida diaria.

En la simple sala de la casa, cubierta con paneles de madera, sin muebles y con unas pocas fotografías en la pared, se escucha un parloteo y huele a café.

Es una reunión familiar íntima.

“¿Cómo está tu padre?”, pregunta uno de los invitados al huésped. El ánimo cambia repentinamente.

Todas las miradas en el pequeño cuarto se dirigen hacia la esquina, donde un anciano está recostado en una cama colorida.

“Sigue enfermo”, responde con calma su hija, Mamak Lisa.

Sonriendo, Mamak Lisa se levanta, camina hacia el anciano y lo sacude suavemente.

“Padre, tenemos visitas que vienen a verte. Espero que esto no te incomode o te enoje”, le dice ella.

Luego me invita a conocer a Paulo Cirinda.

Miro hacia la cama. Cirinda está acostado completamente inmóvil, ni siquiera parpadea, aunque difícilmente puedo verle los ojos a través de sus lentes cubiertos de polvo.

Su piel se ve áspera y gris, salpicada de innumerables orificios como comida por insectos. El resto de su cuerpo está cubierto con varias capas de ropa.

Lo observo mientras sus nietos corren juguetones en el cuarto y eso me devuelve a la realidad.

¿Por qué el abuelo siempre está dormido?“, pregunta uno de ellos. “¡Abuelo, despierta y vamos a comer!”, grita otro.

“Shhh… dejen de molestar al abuelo, está durmiendo”, los regaña Mamak Lisa. “Lo van a hacer enojar”.

Bueno, esto es lo sorprendente: este hombre, Cirinda, murió hace más de 12 años, pero su familia piensa que está vivo.

Para los extranjeros, la idea de mantener el cuerpo de un muerto expuesto en una casa parece algo totalmente extraño.

Sin embargo, para más de un millón de personas de esta parte del mundo ésta es una tradición de siglos.

Como si estuvieran vivos

Las creencias animistas de los toraja nublan la línea entre este mundo y el próximo, convirtiendo a los muertos en seres presentes en el mundo de los vivos.

Después de que alguien muere, puede tomar meses, e incluso años, llevar a cabo el funeral.

Mientras tanto, las familias mantienen a los cuerpos en casa y cuidan los restos de sus seres queridos como si éstos estuvieran enfermos.

(Con información de BBC Mundo)